 |
Fuente: http//es.paperblog.com/influencia-y-actividad-de-la-otra-vida |
“Julián se
mató al caer del tejado de la obra en la que trabajaba. Tenía 50 años”. Salamanca, 24 de mayo de 2012
La impotencia, la desolación, esas ganas de gritar que
alguien es culpable, que Julián no debía haber muerto porque aún era joven,
porque tenía muchos proyectos, porque tenía muchas ganas de vivir, de disfrutar
y de amar…
Y ese día fatídico, no la mala suerte como nos quieren hacer
creer, no el destino, como otros pretenden consolarnos. No, fue la injusticia
de este mundo que no pone medios para
evitar el dolor, la muerte, solo pone recursos para que todo valga, aunque con
ello se haga inevitable la muerte de jóvenes, de obreros… La muerte de
trabajadores entregados a su familia, a sus hijos, y también entregados a lo
que se les pida para poder seguir manteniendo un trabajo.
Esta muerte, este duelo por su pérdida, no puede quedar en el
olvido. Tiene que ser una voz de alarma,
un alarido de desesperación y de alerta que se escuche en los confines del
corazón de tantas personas que
están viviendo esta situación de abandono, de amenaza constante…
Una muerte inesperada, una vida truncada que se desvanecía
desde 9 metros de altura. Un cuerpo destrozado por la caída al vacío, a la
nada, para algunos al olvido.
Un cuerpo a cuerpo con la muerte, sin sujeción para evitarla,
sin red para amparar su cuerpo… ¿Hay alguien que pueda darle un sentido a este
dolor? ¿Puede haber alguien que pueda justificar esta agresión a la
persona, a la clase trabajadora, a un obrero entregado?
¿Cómo corresponderá la sociedad a esta entrega mortal? ¿Será
un número más en la lista negra? ¿Será una cifra que ocasione malestar a una
empresa que explota y atrae muerte para seguir ganando más y para que aún tengamos que agradecerle que por lo menos
tenía un trabajo?
No podemos callarnos, no podemos seguir permitiendo dar la
vida por nada para que algunos sigan sumando más muertes.
Este dolor de su familia, seguramente también es el dolor de
muchas otras personas que sientan que una muerte injusta y sin sentido es un
dolor de todos. Es una vida que se entrega para poder seguir entregando más
vidas… No lo permitamos. Debemos juntarnos en este camino de lucha para gritar
que no sirve de nada morir si no es para salvar. En este caso y en otros
muchos, morir solo ha servido para matar muchos sueños, para quebrar otras
vidas, para terminar un camino de sentimientos, de amor y de fuerza.
Julián, has dejado mucho cariño aquí, en esta vida. También
mucha pena por tu ausencia, pero también nos has dejado un aprendizaje para
muchos: que entregarse es importante y luchar por tu familia imprescindible,
pero que la vida y la muerte van de la mano, y tu muerte alguien la podría
haber convertido en vida.
Gracias, querido amigo, compañero de mi vida. En mi corazón y
en el de muchos otros estarás presente, y cada vez que estemos en lo alto,
arriba de algún espacio, pensaremos en ti, pensaré en ti, y gritaré a los demás
para que recuerden que la muerte a veces se puede evitar…
Luchemos para que así
sea.
Natividad García Hernández