"Solsticio de invierno, que hace en el hemisferio boreal el día menor y la noche mayor del año, y en el hemisferio austral todo lo contrario, o tal vez viceversa".
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fotografía:http://www.nistido.com/2011/12/celebrando-el-solsticio-de-invierno-con-el-amanecer-en-stonehege/ |
El próximo día 21 de diciembre iniciamos una pausa en la marea de
palabras. Es complejo intentar hacer un balance de un año entero de encuentros
con escritores, concurso literario, nuevas olas que llegan a los talleres,
bocanadas de microrrelatos que salen del agua y se trasladan a otros círculos
(enhorabuena a todos los que habéis crecido y compartido).
Aquí os dejamos dos microrrelatos para que elijáis el solsticio o las Navidades como próximo tema del último Taller de escritura del 2012, que será el miércoles 19 a las 19.00 h, en la
biblioteca del Centro de Adultos de Tordesillas. Os esperamos.
Solo Navideño
por Álvaro Pombo
No reanudaba ninguna relación. Y esto quiere decir que, en el fondo, ni siquiera llegaba a anudarlas al principio. Con los años su soledad fue convirtiéndose en su medio de vida. Era su forma de vida, pero también su medio, como una profesión. Se debía esto a que era un poco poeta. Y escribía: Tu cara guapa/ En mi conciencia impreso/ como una lapa. Y también: He perdido la vida/ No costó nada/ He perdido tus labios/ Cáscara amarga. Se relacionaba, claro está, con mucha gente. ¿Y quién no? Y con chicos. Todos eran y no eran de la acera de enfrente. ¿Por eso no podían reanudarse? ¡Pero anudarse siquiera, sí que hubiera podido si quisiera! ¡Con tantos como hay, ahora en Navidades, gastándose mil euros per cápita en todas las grandes superficies de Madrid! No tenía el arte navideño de reanudar las relaciones que anudaba en Navidades en los metros, en los parques y en los excusados. ¿Y en los bares, por qué no? Porque los metros y los bares y los parques y los excusados navideños eran aún más cutres que nunca en Navidades. Y así, este poeta hacía de la soledad su medio de vida estas felices fiestas.
por Álvaro Pombo
No reanudaba ninguna relación. Y esto quiere decir que, en el fondo, ni siquiera llegaba a anudarlas al principio. Con los años su soledad fue convirtiéndose en su medio de vida. Era su forma de vida, pero también su medio, como una profesión. Se debía esto a que era un poco poeta. Y escribía: Tu cara guapa/ En mi conciencia impreso/ como una lapa. Y también: He perdido la vida/ No costó nada/ He perdido tus labios/ Cáscara amarga. Se relacionaba, claro está, con mucha gente. ¿Y quién no? Y con chicos. Todos eran y no eran de la acera de enfrente. ¿Por eso no podían reanudarse? ¡Pero anudarse siquiera, sí que hubiera podido si quisiera! ¡Con tantos como hay, ahora en Navidades, gastándose mil euros per cápita en todas las grandes superficies de Madrid! No tenía el arte navideño de reanudar las relaciones que anudaba en Navidades en los metros, en los parques y en los excusados. ¿Y en los bares, por qué no? Porque los metros y los bares y los parques y los excusados navideños eran aún más cutres que nunca en Navidades. Y así, este poeta hacía de la soledad su medio de vida estas felices fiestas.
Solsticio de
invierno
por José María Merino
En el cielo del amanecer brillaba con fuerza aquel insólito lucero que la gente común contemplaba con asombro, pero el capitán sabía que era uno de los satélites de comunicaciones que permitían a su ejército mantener la supremacía en aquella guerra interminable.
—Mi capitán —transmitió el cabo—. Aquí solo hay varios civiles refugiados, unos pastores que han perdido el rebaño por el impacto de un obús y una mujer a punto de dar a luz.
por José María Merino
En el cielo del amanecer brillaba con fuerza aquel insólito lucero que la gente común contemplaba con asombro, pero el capitán sabía que era uno de los satélites de comunicaciones que permitían a su ejército mantener la supremacía en aquella guerra interminable.
—Mi capitán —transmitió el cabo—. Aquí solo hay varios civiles refugiados, unos pastores que han perdido el rebaño por el impacto de un obús y una mujer a punto de dar a luz.
El capitán, desde la torreta del
carro, observaba el establo con los prismáticos.
—Registradlo todo con cuidado.
—Mi capitán —transmitió otra vez el cabo—, también hay un perturbado, vestido con una túnica blanca, que dice que va a nacer un salvador y otras cosas raras.
—A ese me lo traéis bien sujeto.
—Mi capitán —añadió el cabo con la voz alterada—, la mujer se ha puesto de parto.
—Bienvenido al infierno —murmuró el capitán con lástima.
A la luz del alba, aparecieron en la loma cercana las figuras de tres camellos cargados de bultos y montados por jinetes de raras vestiduras, y el capitán los observaba acercarse, indeciso.
—Abrid fuego —ordenó al fin—. No quiero sorpresas.
—Registradlo todo con cuidado.
—Mi capitán —transmitió otra vez el cabo—, también hay un perturbado, vestido con una túnica blanca, que dice que va a nacer un salvador y otras cosas raras.
—A ese me lo traéis bien sujeto.
—Mi capitán —añadió el cabo con la voz alterada—, la mujer se ha puesto de parto.
—Bienvenido al infierno —murmuró el capitán con lástima.
A la luz del alba, aparecieron en la loma cercana las figuras de tres camellos cargados de bultos y montados por jinetes de raras vestiduras, y el capitán los observaba acercarse, indeciso.
—Abrid fuego —ordenó al fin—. No quiero sorpresas.
Podéis leer más textos en
este enlace que, aunque ya tiene unos años, siempre es bueno recordar:
Leed y disfrutad mucho.