Desde el principio de este
curso, iniciamos un proyecto que se llamó «El correo del mar». Este año se propuso
trabajar, de una forma pormenorizada, el género epistolar, aquel tan
en desuso que nos remite a tiempos pretéritos. La sociedad corre a una
velocidad que hace anacrónico el uso de cartas postales, se prioriza el
correo electrónico o el uso del WhatsApp, así como las redes sociales en todas sus formas.

En ese contexto, se propuso en
clase habilitar un cuaderno en el que cada semana una ola de este mar se
hiciera cargo de una carta. Este soporte se convertía así en un mensaje en una
botella de nuestro mar, pues el cuaderno viajaba de mano en mano entre cada
tripulante.
En cada uno de los grupos de
escritura (y también en las Aulas de Cultura, adaptado a las distintas
situaciones), ese cuaderno viajero iba rotando por cada una de las personas de
los diferentes grupos.
Llegó el confinamiento y, con
él, las cartas del correo del mar se quedaron en la casa de la persona que le correspondía durante aquella semana.
Los talleres de escritura
siguieron teniendo sus clases online y este blog volvió a coger fuerza con
muchas nuevas historias y diarios de abordo, que cada cual tuvo a bien compartir
desde sus hogares.
Hace pocos días, en una de
estas clases se propuso retomar este cuaderno de forma virtual y compartir las
nuevas cartas a través del blog. Sirva esta nueva entrada para
compartir algunas de estas cartas de ese cuaderno varado allá por el mes de marzo.