El próximo día 30 de noviembre, a las 18 h, en el salón de actos del ayuntamiento de Tordesillas, tendremos el placer de contar con la presencia del escritor Manuel Sánchez Vicente, más conocido como Manu Espada, autor de libros de relatos como El desguace (2007) y Fuera de temario (2010).

Zoom (2011), su primer libro de microrrelatos, que nos presentará en esta ocasión, es un gusto para los sentidos. Una lectura para recrearnos en su mundo mágico y lleno de matices, con una mirada milimétrica, captada con la óptica macro de la cámara fotográfica que es la visión única del autor.
Manu Espada cuenta también con un blog en el que podemos deleitarnos con sus historias imposibles y plagadas de dosis de realidad. Podéis visitarlo aquí.
Un pequeño avance:
La librería
Nemesio entra en la biblioteca movido por la curiosidad. Dentro hay un revuelo impresionante. No cabe ni un alma más. Un hombre de barba blanca firma su obra a una cola de fans. Nemesio se coloca frente a una pila de libros viejos. Todos son distintos. El lomo de los ejemplares está gastado por el paso de los años, aunque aún brillan restos de pan de oro en algunas de las letras. Coge un ejemplar muy delgado. Es increíble, pero en la cubierta aparecen su nombre y apellidos. Lo abre al azar por la página setenta y ocho, y, como de costumbre, comienza a leer en voz baja: «Nemesio entra en la biblioteca movido por la curiosidad. Dentro hay un revuelo impresionante. No cabe ni un alma. Un hombre de barba blanca firma su obra a una cola de fans. Nemesio se coloca frente a una pila de libros viejos. Todos son distintos. El lomo de los ejemplares está gastado por el paso de los años, aunque aún brillan restos de pan de oro en algunas de las letras. Coge un ejemplar muy delgado. Es increíble, pero en la cubierta aparecen su nombre y apellidos. Lo abre al azar por la página setenta y ocho, y, como de costumbre, comienza a leer en voz baja. Asustado por lo que está leyendo, cierra el libro de sopetón». Nemesio mira alrededor. Todo parece en calma, unos hacen cola esperando su autógrafo del escritor barbudo y otros rebuscan en las estanterías, pero ocurre algo extraño. Todos los libros que tienen los fans de la cola son distintos, y en el lomo de cada uno de ellos aparece un nombre propio diferente. Nemesio vuelve a abrir su libro y lee varias frases más: «Nemesio mira alrededor. Todo parece en calma, unos hacen cola esperando su autógrafo del escritor barbudo y otros rebuscan en las estanterías, pero ocurre algo extraño. Todos los libros que tienen los fans de la cola son distintos, y en el lomo de cada uno de ellos aparece un nombre propio diferente. Nemesio vuelve a abrir su libro y lee varias frases más. Llegados a este punto se le cae de las manos». Nemesio cierra los ojos, llena sus pulmones y recoge el libro del suelo. Saca un mechero y lo quema delante de todo el mundo. Desconcertado, sale de la biblioteca, cruza la carretera y, con el encendedor aún en la mano, camina lentamente hacia la gasolinera, hacia el infierno.
Os esperamos.
Buscando a Manu Espada en el interior de Zoom
Entré en Zoom siguiendo el camino de baldosas
amarillas, esperando que mis encuentros con sus letras me
llevasen a un viaje alucinante.
El primer encuentro fue en el árbol genealógico, donde el
cartógrafo, afectado el pobre hombre de una melomanía galopante,
me hizo dar marcha atrás y visitar a el farero y
la sirena, quienes me cautivaron con su historia de amor y
soledad. El ratoncito Pérez me llevó de su mano hasta la
próxima parada en este mundo extraño. En la tasca Pepe me tomé
un refrigerio mientras observaba a las extrañas criaturas que,
sentadas alrededor de una mesa, jugaban a el juego del ahorcado, y
las coristas, disfrazadas de princesas, mantenían un
diálogo no verbal con el estudiante de lenguas.
Salí de la tasca en un estado de ruina de espíritu, que
dejó mi conciencia en jaque mate. La repartidora de
folletos de la esquina me encaminó hacia el manicomio, dada
mi expresión de estar en suicidio creativo.
Caminé sin rumbo por las páginas, saltando de los cuentos a
una tragicomedia en dos actos y pasando por un viajecito
al siglo XXX, que me dejó en la orilla de la
eternidad. Tuve que pararme: necesitaba pensar y descansar la vista.
Había tanto en lo que pensar…
Comí y guardé media naranja para el hombre gris, esperando
que su historia me transportara hacia los límites de mi corazón
roto, pero no encontré el camino. A la puerta de los juzgados, unos tahures, de parecidos
razonables, me dieron cobertura hasta dejarme en
manos de el coleccionista de esquelas, quien, con una
paciencia infinita y usando un monólogo de una nariz de payaso y retazos
de la eternidad, sin pausa para la publicidad, se
despidió de mí con un mapache azul como única compañía.
Abrí la caja de las mariposas, donde
encontré el mapa del monasterio, que me devolvió a mi realidad
y al encuentro de la vida familiar, que dejé olvidada al
adentrarme en este país de Zoom en busca de Manu Espada.
Rosa M.
Os esperamos.