
El próximo jueves, la escritora María Sanz Casares nos presenta "El universo en los cuentos de Oscar Wilde", en las Casas del Tratado de Tordesillas. Esa misma tarde podremos disfrutar de la proyección de la película La importancia de llamarse Ernesto, basada en la obra del mismo autor. Como sabéis, la entrada es libre, y es una manera de encontrarnos e intercambiar ideas sobre su obra. Os esperamos.
Queremos también dejaros algunos trabajos que han surgido en el último taller de escritura. Se trata de cartas, lanzadas como mensajes en botellas navegantes, hacia la incertidumbre del movimiento caprichoso de las mareas.
Carta a Oscar Wilde
Querido, odiado, ensalzado, denostado, señor Oscar Wilde:
Mirando su fotografía me pregunto: ¿qué esconde un porte tan altivo? ¿Qué hay detrás de su mirada? Tras su pose de desprecio, imagino un alma torturada. Quizá use una máscara para afrontar, sin flaquear, su existencia. Un escudo detrás del que se esconde y, así, observar sin ser visto. No deja que le vean, juega al escondite haciendo que sus personajes hablen por usted. Tal vez ya no aguantó más ese juego de niños, y por eso decidió saltar al vacío y pregonar a los cuatro vientos su historia. En su imaginación tal vez esperaba que se abriera el paracaidas para evitar el golpe, pero yo creo que lo hizo con todos sus sentidos, como una forma de suicidio lento y doloroso. Algo que le hiciera sufrir para merecer el paraiso. ¿Lo encontró?, el paraiso, digo. Todas estas elucubraciones son fruto de mi imaginación, ya que no sé mucho de usted ni de su obra, tan solo lo poco que algún profesor intentó que aprendiera para poderle encuadrar dentro de una época. No creo que vivir en una época tan encorsetada fuera nada fácil. Ocultarse nunca es bueno para el alma. Interpretar un papel termina por pasar factura. No puedo prometerle que leeré toda su obra, pero sí puedo prometerle que prestaré mayor atención a sus palabras. No juzgaré su vida ni sus actos, y seré (o lo intentaré) franca cuando sus textos me emocionen o me repelan.
Mirando su fotografía me pregunto: ¿qué esconde un porte tan altivo? ¿Qué hay detrás de su mirada? Tras su pose de desprecio, imagino un alma torturada. Quizá use una máscara para afrontar, sin flaquear, su existencia. Un escudo detrás del que se esconde y, así, observar sin ser visto. No deja que le vean, juega al escondite haciendo que sus personajes hablen por usted. Tal vez ya no aguantó más ese juego de niños, y por eso decidió saltar al vacío y pregonar a los cuatro vientos su historia. En su imaginación tal vez esperaba que se abriera el paracaidas para evitar el golpe, pero yo creo que lo hizo con todos sus sentidos, como una forma de suicidio lento y doloroso. Algo que le hiciera sufrir para merecer el paraiso. ¿Lo encontró?, el paraiso, digo. Todas estas elucubraciones son fruto de mi imaginación, ya que no sé mucho de usted ni de su obra, tan solo lo poco que algún profesor intentó que aprendiera para poderle encuadrar dentro de una época. No creo que vivir en una época tan encorsetada fuera nada fácil. Ocultarse nunca es bueno para el alma. Interpretar un papel termina por pasar factura. No puedo prometerle que leeré toda su obra, pero sí puedo prometerle que prestaré mayor atención a sus palabras. No juzgaré su vida ni sus actos, y seré (o lo intentaré) franca cuando sus textos me emocionen o me repelan.
Atentamente: Una futura lectora
Rosa Martínez
Rosa Martínez
Carta de Oscar Wilde a su amigo Baldwin Ross (Robbie Ross)
Querido amigo Robbie:
Me encuentro muy cansado pensando todo lo que me ha ocurrido. Desde estas cuatro paredes lo único alentador es la escritura y tus cartas; es algo así como un bálsamo después de estas jornadas de trabajo tan duras y agotadoras, del abandono de mi esposa y mis hijos, que incluso han renunciado a mi apellido.
También mi madre está triste. Estaba tan orgullosa de mí… Y ahora estoy aquí cumpliendo una condena por la intolerancia de una sociedad injusta.
Por eso, amigo mío, tú que siempre estás a mi lado y eres mi único consuelo, te pido que no me olvides y sigas escribiéndome esas cartas que tanto bien me hacen.
Tu amigo:
Oscar Wilde
Querido amigo Robbie:
Me encuentro muy cansado pensando todo lo que me ha ocurrido. Desde estas cuatro paredes lo único alentador es la escritura y tus cartas; es algo así como un bálsamo después de estas jornadas de trabajo tan duras y agotadoras, del abandono de mi esposa y mis hijos, que incluso han renunciado a mi apellido.
También mi madre está triste. Estaba tan orgullosa de mí… Y ahora estoy aquí cumpliendo una condena por la intolerancia de una sociedad injusta.
Por eso, amigo mío, tú que siempre estás a mi lado y eres mi único consuelo, te pido que no me olvides y sigas escribiéndome esas cartas que tanto bien me hacen.
Tu amigo:
Oscar Wilde
Critina Poncela
Distinguido Mr. Oscar Fingal O´Flahertie Wills Wilde:
No me conoce aún, pero antes de que esto ocurra en próximas fechas, quiero expresarle lo honrado que me siento de poder tener con nosotros un personaje de su talla. Le confesaré que teníamos el cartel de completo, pero desde arriba nos han insistido y, por ser usted quien es, hemos hecho un pequeño esfuerzo para hacerle un gran hueco.
Este lugar, entre otras cosas, se distingue por su inelegante uniforme, pero no se preocupe por ello. Ciertamente, seguirá llamando la atención, pues debido a su gran complexión este le quedará bien diferente. Asimismo, tendrá oportunidad de probar nuestro exquisito bodrio, que hará que esos kilos de más que parece tener pasen a ser kilos de menos sin darse cuenta, dado que también nos ocuparemos de mantenerle muy entretenido.
Soy lego en su obra, no obstante, he leído algo en estos últimos días para poder conocerle un poco mejor, y me atrevo a aventurar que usted es un hombre de mundo que sabrá apreciar lo que aquí le ofrecemos, porque le garantizo que nunca habrá experimentado nada igual. Expresándolo con sus propias palabras, le diría que hasta ahora solo ha vivido una mitad del mundo, imposible para sobrevivir, como usted mismo dijo a sus estudiantes de arte. Pues bien, ahora el artista tendrá la oportunidad de llevar la teoría a la práctica y vivir, posiblemente, la otra mitad de este, de ver la otra cara de la luna y, quién sabe, quizá la otra cara de Wilde.
Este será el lugar donde todo va a serle diferente, donde no encontrará alabanzas ni aplausos. No habrá mascaras ni disfraces, nada de fingimientos e hipocresías. Aquí todo será verdad: las paredes, el suelo, el aire, la oscuridad... Hasta las pesadillas serán verdad.
Este será un hito en su vida y su carrera, aunque aún no sabemos la dirección que marcará. Puede que hagamos que se olvide de usted mismo, del que fue, o puede que todo su ideario salga reforzado, pero esto, solo el tiempo lo responderá.
Solo me queda decirle que, a pesar de este torpe ejercicio de ironía que espero sepa disculpar, admiro su valor.
Espero que su imaginación le acompañe en este periplo, señor Wilde.
Director de Readings
S¡lv!a