Apreciadas olas de mares fantásticos, de océanos realistas y surrealistas; de aguas profundas frías y
oscuras; también de playas cálidas,
dulces y sugerentes. Mis amadas olas, ¡os echo tanto de menos!
Mañana se
cumplen dos semanas sin asistir a la
cita líquida, salada y fértil que entre las históricas piedras a las
orillas del Duero nos hace fluir la creatividad, la libertad de ser y de
pensar, nos baña con la ideología del respeto, la complicidad hacia lo
diferente y el ansia por entendernos. Sé que seguiré faltando, no por abandono
deseado, sino por la norma. Ya me conocéis, cuestiono todas las normas; pero
las cumplo, por centralismo democrático, casi todas.
Ahora que las
circunstancias nos confinan tras los muros conventuales de nuestras propias
viviendas, mientras la tecnología nos da alas. Ahora que el logo de un sobre en
una pantalla es más rápido que una paloma mensajera. Ahora que empezamos a
vivir tiempos de una guerra nueva que nos prohíbe tocarnos, sentir el pálpito o
el rubor del compañero. Ahora que se nos permite vernos solo en dos
dimensiones, oírnos en altavoz estéreo
y, sobre todo, leernos el alma solo si queremos abrirla en el alfabeto
parpadeante de palabras con corrector de idioma y emoticonos correctores de
palabras. Ahora que el tiempo tiene una elasticidad diferente al número de
acciones por segundo. Ahora os propongo
utilizar instrumentos olvidados para tocar sinfonías nuevas. No se trata de
volver a las danzas tribales para la representación folclórica, sino más bien
de dar un uso nuevo a aparejos en desuso. De retomar el blog Mar de incertidumbres y reventarlo a abrazos apalabrados, a toses escupiendo la soledad, a besos
emocionados a la vida, a voces en negrita o cursiva de todo aquello que llevamos
dentro y que no podemos transmitir frente a frente, cuerpo a cuerpo. Quiero
saber de vosotras y vosotros. Quiero que sepáis de mí. No solo por los mensajes
cortos en la web, infinitamente reenviados, que dejan entrever el deseo de estar,
de saberse parte, pero que no dejan paso al sentimiento abierto en canal, al
océano interior de corrientes, lleno de peces y corales que se escapan de las redes.
Os quiero vivas
a todas y cada una; os quiero vivos a todos y cada uno remando en el galeote.
Os propongo escribir en nuestro blog como si fuera la
casa de Juana. Colguemos los textos que estos días raros se nos ocurran y luego vamos viendo. Marifi, tú
reprime un poco, solo un poco, las reprimendas. ¡Ah!, y que nadie haga un
Teresa. Elena, leerte será un placer, hace mucho que no suenan tus palabras en
la Torre.
A todos, os quiero.
Buenas noches y
buena travesía.










