La palabra « Melancolía» se ha utilizado en innumerables textos narrativos y poéticos a lo largo de la literatura. Etimológicamente viene de griego clásico μέλας "negro" y χολή "bilis" y tiene una cadencia fonética que casi nos arrastra a la orilla del mar.
En el diccionario existe una respuesta concreta: Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.
Pero la película de la que hoy os hablamos va más allá de tristezas, habla de intuiciones y de superaciones, del sentido de la vida y de la muerte, del fin del mundo.
Decidimos traer a estas olas este comentario del film, porque pensamos que tanto de su lectura como la contemplación de la imagen que recuerda aquella “Novia en el agua” de Waterhouse uno de los prerafaleistas que tuvimos la suerte de ver en la Tate Modern en aquel viaje a Londres, podréis escribir un montón de relatos para leer en los talleres de escritura.
Esperamos que os guste.
«Decir que Melancholia es la mejor película que se haya hecho sobre el fin del mundo sería hacer honor a la verdad, pero podría también dar el mensaje equivocado. En la cinta de Lars von Trier, un planeta llamado Melancholia se estrella contra la Tierra, acabando con la vida en ella, pero a diferencia de los típicos filmes sobre la destrucción del mundo, aquí no hay héroes ni posibilidad alguna de salvación.
La película tiene como protagonista a Justine (Kirsten Dunst), una muchacha que sufre una depresión severa, pero que parece repuesta el día de su boda con Michael (Alexander Skarsgård), celebrada en la enorme mansión de su cuñado (Kiefer Sutherland).
Al principio todo discurre con normalidad, pero poco a poco se van dibujando la profunda tristeza de Justine y el perfil de los personajes de su familia, no todos ellos precisamente agradables: un padre medio tonto (John Hurt), una madre que parece odiar a la especie humana (Charlotte Rampling), un jefe perverso (Stellan Skarsgård), entre otros.
Durante la fiesta, Justine observa en el cielo una extraña estrella que resulta ser un planeta que, tras permanecer escondido detrás el Sol, ahora va rumbo a la Tierra. Inexplicablemente, se descubre que la melancolía de la protagonista proviene de percibir cercano el fin del mundo y de la certeza que tiene de que después de la muerte no hay nada.
Pero es justamente en el contraste y la relación entre Justine y su hermana Claire donde la película brilla con más fuerza. Interpretada por una genial Charlotte Gainsbourg, Claire se ha echado al hombro la tarea de mantener viva a su hermana y apagar los incendios de su conducta errática, además de ser la mediadora en los conflictos familiares.
Pero si bien Von Trier emplea la película para tratar su propia oscuridad —el director ha sido víctima de un problema severo de depresión—, encuentra la forma de redimir a la golpeada Justine: es ella quien al final alivia la desesperación de su hermana ante la certeza del final, la que provee la calma y el control que hasta entonces parecían huirle.
Cierto: Melancholia es una película sobre el fin del mundo. Pero la genialidad de Lars von Trier está en que no necesita salir de los pocos personajes con los que se queda la historia —ni de la mansión y los campos de golf donde esta se desarrolla— para retratar la angustia esencial de la certeza de la muerte. Y en este logro hay que destacar la atmófera que brindan la obertura del Tristán e Isolda de Wagner y el ruido incesante de la segunda mitad de la cinta, que crece a medida que Melancholia se va acercando a la Tierra.
Por este papel, Kirsten Dunst fue elegida la mejor actriz del último Festival de Cine de Cannes, en el que Von Trier tuvo el desatino de bromear con que "entendía a Hitler". Esperemos que esté trabajando en afinar sus discursos, porque es probable que tenga que dar alguno la noche de los Oscar.»
Ahora sólo queda ir a verla y escuchar vuestras opiniones…








